Vuelo entre comillas, el cielo es tan obscuro y tu acá mirándome de forma fiera. Ni yo sé que es lo que pasa pero, siento una conexión estratosférica contigo, Hey fue tu culpa el hecho de haberme intoxicado con nicotina… Tu figura observando la cámara mientras había unas cuantas botellas de Ron y vodka sobre la mesa te hacía lucir de una forma salvaje. El humo no se quedaba atrás, atesoraba ciertas cosas de la vida. Atesoraba verte fumar aquel cigarro de forma masculina, como tu piel morena acariciada por la noche fluorescente. No, ni yo sé que ocurre cuando te me acercabas, ahora lo sé. Y de pronto abuso de ciertas bebidas para alejarme del mundo un rato por una depresión inmortal, ¿Qué es lo que veo? No tengo ni idea, supongo que debe ser una atmosfera de nostalgia mientras observaba la ciudad llena de luces, y tú ahí esperando a que el final llegara. Los besos fueron prácticos en edén, y el porte enhiesto que tenías sobrepasó mis límites. ¿Cuánto has crecido? Parece que demasiado, no y a veces busco tu barba gatuna por algún rincón del mundo. Entonces fue cuando me percaté de que estábamos comiendo en la plaza, la mirada verdosa lucía preciosa en tu cara blanquecina, pero ¿Para qué nos engañamos? No serás ni la mitad de los que otros sí, veo fuerte el anochecer, recuerdo el atardecer cayendo lentamente y tu mirada inquieta y tus labios inseguros se apoderaron de los míos… sólo quería ser feliz una vez en la vida y lo fui, sin embargo parece que soy un humano bastante egoísta y quiero más. No, no me atrevo a pedirte otro, ni siquiera puedo acercarme a ti sin siquiera sentirme mareada y alcoholizada, no puedo obstaculizar tus pies, me convenzo de que jamás se cumplirá otro capricho más. La Connie estaba consciente de que las cosas así eran, pero no la quería escuchar, fue un error el haberte insistido que tus ojos café claros me miraran constantemente. Ahora veo el final y no sé por qué, y esa desesperación frustrante me come el corazón de a poco, ya no tengo trece años, pero tengo veinte y se me hace más ácido al estómago. Pero ahora, la perdición esta conmigo porque constantemente me vuelo, me pierdo, me caigo, me sobrepaso de la razón y ya no pienso, no siento, no quiero, no saber, no querer, no desear, sólo perderse en un orgasmo infinito y lejos de la realidad. ¿Y qué es eso? Acepto que cada vez que el golpeteo insistente en mi ser me deja ese estado de excitación me recuerda a tu cara y grito cada vez más fuerte en busca de una salvación porque explotaré en cualquier momento. Ni las calles sirven para expresar lo que siento, no sé ni siquiera si lo que siento es real, no sé ni siquiera si tu eres consciente como yo, ¿Y por qué no te arrepentiste? Debiste mandarme a la mierda cuando ocurrió, pero no. Salgo volando fuerte cuando mis pies tocan el agua, en ese momento el incubus se fijó en mi alma y robó cada pedazo de cicatriz, pensé que moriría y encontré el edén, lo encontré, lo toqué Oh dios, me has tocado, me has salvado, me has intoxicado con paraíso. Y luego te vas, te vas… y no volverás quizás hasta cuando, ven y exígeme, exígeme el reemplazo de tu deseo inequívoco, no existo, tú tampoco. Solo somos sombras en busca de una realidad.
Ni siquiera eres una luz en la que me puedo proteger… Tendrán que pasar unos años más, para volver a olvidar esa calidez tan real.
lunes, 6 de junio de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario