—Ya, Dímelo de una vez. ¿Desde cuándo soy una mujer perfecta físicamente? —
—No me culpes, ¡Sólo soy un hombre más en esta miseria vida! — Una risa complice apareció en ese momento, y tú querida de pelos castaños, no paraste de sonreír. — Es inevitable, porque te encuentro sumamente atractiva, me gustan tus caderas, me gustan tus pechos, me gusta tu forma de cuerpo, eres delgada, tienes un cuerpo entre infantil y adulta, tus conductas son tiernas, tus risas también, tus pensamientos son bastante maduros y tu vida, tu vida es algo que puedo comprender perfectamente. —Él te observó con una mirada dulce e ingenua y agregó algo más después de que tiraste otra carcajada. — Y tus pechos, especificamente, están proporcionados a tu cuerpo, tu espalda y tu cintura, eres bastante Venus. — Dijo al tirar él una carcajada risueña. Sí, sabía perfectamente de tus quejas constantes.
—Hmm, interesante. ¡Eres un fetichista totalmente piola! —
—Algo así, tengo complejo de voyerista. —
—Me gusta, yo también lo soy. — reíste. — Oh pero, Joder ¿No prefieres mejor, que te hable como española caliente, tío? —
—¡Quieres matarme! ¿Verdad? ¡Cruel! — dijo él en desesperación, mientras se tapaba la cara con ambas manos Y tú lo observabas desde arriba. —
—¡Sólo estoy hablando español, coño! —
—¡No! ¡Detente! No hables así. — exclamaba por una salvación, interesante. —
—Hahaha, ya, bueno. No te haré sufrir más. — Contestaste y volviste a colocar tu cabeza sobre su pecho. — ¿Por qué tu corazón late tan rápido?
—No sé... debe ser por algo especial.
—Hmmm, yo creo. Ah. Me gusta, además tus manos y tu temperatura siempre están a un nivel agradable para mí. — susurraste apenas, cerrando tus ojos, mientras escuchabas esos golpeteos insistentes en el corazón y el movimiento de sus pulmones subiendo y bajando.
—Tu siempre estás fría, eso me desespera. —
—Ya te dije que soy un vampiro. — viraste tus ojos café a otra dirección.
—Hmm, si fueras un vampiro, te pediría a gritos que me mordieras y bebieras de mí.
—Lo haré entonces. — Tus labios buscaron esa piel suave que se situaba en el cuello delgado de tu acompañante, una mordida rápida e inocente apareció en el acto, sorpreniendo inmediatamente a tu otra contraparte. — ¿Feliz?
—Más que eso. Ahh, me dejaste un poco babosa esa parte. Me da cosa sentir el frío por la húmedad que dejaste. —
—Perdón, no sé como morder bien.
—No importa, sigue siendo sexy.
lunes, 31 de mayo de 2010
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