domingo, 16 de mayo de 2010

Insistencia.

Desesperada, así estabas.
O más bien, en un punto de ebullición sin retorno. Tampoco era que ibas a explotar en todos tus sentidos, sólo observabas al frente sin ninguna curiosidad extrema.
Sabías de antemano todo lo que él hacía o en su defecto haría.
Sabías que él iba a contarte sobre alguna aventura loca pasada de noches enfrascadas en el sexo, sabías que sacaría su cajetilla de cigarros para fumarse uno, no sin antes mencionarte un "¡Al fin puedo fumar!", sabías que él miraría a otro lado mientras te contaba que una Mujer pequeña de preciosas caderas se movía al compás con las suyas.
Sólo reías porque lo sentías tan parte de tí como siempre.
Aprendiste a conocer a la perfección todos aquellos seres que habían pasado por tu vida, en la que debiste preocuparte, en la que debiste compartir vida y egocentrísmo. — ¿Díficil no?— Pensaste sin la necesidad de escuchar todo lo que tu amigo te contaba.

—¿Y? ¿Por lo menos era de alguna cálidad interesante? — preguntaste interesada. (Si te iba a contar algo sobre alguna Mujer, ojalá fuera hermosa y que también quedaras un poco plasmada con tanta belleza sobrenatural.)

—Sí, era Uruguaya. — Te contestó con una sonrisa triunfante.

Abriste los ojos y mostraste una sonrisa complice. — ¡Has subido de calidad querido! — le dijiste con aire de felicidad irradiando en tu cara.
Y la verdad era que, lo que más te gustaba de tus ex's eran que si se metían con mujeres hermosas, fueran de calidad extranjera. Digamos que lo encontrabas como algo irreal.
Todos debían tener ese pequeña calidad implementada en su alma.
No por nada habías cosechado frutos durante esas relaciones.

¿No?.

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