domingo, 16 de mayo de 2010

Sueño en Calor.

Una de las cosas que más te gustaban eran los sueños que tenías en Los Veranos calurientos, sedientos de agua y de una brisa helada que los enfríara enseguída.
"¡Jamás podrás tener algo que te enfríe! ¡No mientras yo viva y sigan las estaciones!" De tanto calor que hacía en la noche, sólo te acostabas con calzones, alguna polera sencilla y tus infaltables calcetines. (Eso ya era otro cuento, decías que esa tela cubre pies era parte de tí como si fuera un diente.) Peleabas contastemente en la cama y te dabas vueltas sin parar de un lado a otro.
Pero amabas sentir que la temperatura era alta y podías revolcarte como un vil chancho en su basura preferida, o un hipopotamo ensuciandose en su misma mierda.
Era esquisito, sentir la piel al contacto de esa llama en el viento, sentirla contra las sábanas limpias y la noche que le daba un toque más oscuro a tu piel.
Preferías mil veces sentir que la piel sudara a que tuviera esa reacción idiota del cuerpo cuando entraba en etapa Hipotermía. (Sí esa, donde te cuesta contener el control y empiezas a tiritar desquisiadamente.)
Era normal en tí después de todo, desde pequeña que habías nacido con un grado menos a la temperatura normal promedio Humano y no te afectaba en su mayoría. (Siendo sinceras, tampoco sudabas mucho en verano, de hecho casi nada.) Te mantenías fresca igual aún estando encerrada con las ventanas cerradas y ese claroscuro que se comía tu habitación los fines de semana.
Era un paraíso infernal.
Decías también mientras conseguías el estado de vigilia una vez que le pegabas a morfeo y él te sostenía con sus brazos abiertos. (Y el ojo morado también.) que el infierno sería un lugar ideal para tí, si es que existiera. Hablarías con demonios y les contarías chistes de humor negro. Pasarían muriendose a carcajadas sarcasticas.
La verdad era que la realidad, era un chiste para el mundo, porque todos evitaban el contacto.
Y cuando dormías de verdad, soñabas con ese desierto paradisíaco al cual estabas acostumbrada a visitar. A ver como las mariposas se movían silenciosas en el aire, y como las deformaciones comenzaban a aparecerse a tu actual visión de tu mundo.
Lo único que faltaba ahí, era ese ser que Amabas desquisiadamente. Un extremo irrefutable que si te lo encontrabas, no pararías de llamarlo cada vez que pudieras.
Porque él era como una guía-amor en constante conocimiento sobre el subconsciente, y la inocencia del corazón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario