No.
Para tí el enfado era otra cualidad más. Lo usabas como herramienta de trabajo para crear nuevos experimentos en todas tus áreas en las que te desarollabas.
Primero comenzaba como un vacío en tu interior, luego evolucionaba hasta convertirse en rabia. Pero no duraba ni dos minutos para que el sentimiento se transformara en lo que era su etapa final; Decepción, tristeza.
Una mezcla perfectamente Homogenea y que pegaba bastante bien en los contrastes de tu corazón.
Te tirabas en la cama a mirar el techo con dicha, como si se abriera y de allí saliera un ángel de alas oscuras a llevarte a algún lugar infinito. En esos instantes de pensamientos fugacez salía una carcajada irónica para luego susurrar en un suspiro las clases de comentarios frustrados ("No puede ser que esté diciendo esta clase de cosas, como si mi vida fuera una Comedia" ó "Weona tonta.") La cuestión era simple, una vez que decías toda esa clase de comentarios obvios finalizabas con un hermoso y agradable: "Te Odio conchetumadre."
Era tan relajate, según tú. Tan asquerosamente libre, como si esa opresión en el pecho se fuera a través de un sentimiento que a la vista Humana normal era horrible y maldadosa. (De nuevo maldecías a la persona quién dijo que el Odio era malo.) ¡No saben de lo que se perdían al sentir la dicha de un odio mutuo! Era inspirador de creaciones, un sentimiento calido que lo guardabas por si aparecía otro y te consumía por completo la realidad.
Una vez que te calmabas y quedabas en ese estado de pureza y satisfacción, sonreías con calma escuchando los látidos de tu órgano insistente. "Maldito pedazo de mierda que late fuerte, un día despertaré y veré que he manchado la cama por tanto flujo sanguíneo."
Por lo menos estabas feliz por una cosa. Sí realmente tenías el flujo de sangre descontrolado, morirías por una sobredosis de sangre en vez de sentir anemia.
¿Algún bicho inmortal le debería gustar, cierto?
domingo, 16 de mayo de 2010
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